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Taliana Vargas, comprometida con la causa social en Santa Marta

Mujeres inspiradoras: el privilegio de ayudar a los demás.

Ex reina. modelo y actriz.

A la virreina universal le gusta la actuación, el modelaje y, sobre todo, el trabajo social. Creó la Fundación Casa en el Árbol, por medio de la cual tiene planes de sacar de la pobreza extrema a cien niños desplazados en Santa Marta. Y la labor continúa.

Taliana Vargas habla suave y dulcemente. Es supremamente amable y tranquila a la hora de interactuar. Pregunta si se puede poner las gafas para la foto. «Estas son las gafas que uso todos los días, con las que trabajo». Taliana no es el prototipo de reina de belleza del imaginario colectivo, aunque haya ganado el virreinato universal en 2008. Detrás de su innegable belleza y de su dulzura está la personalidad nata de una filántropa, de alguien que quiere utilizar sus privilegios para ayudar a los demás.

Su amor por la causa no es para nada gratuito, ni mucho menos un ardid publicitario. Su pasión por el servicio viene desde muy chiquita, cuando su abuela trabajaba en la Casa de la Cultura de Santa Marta. Recuerda cómo todos los fines de semana iba a ese lugar, de la mano de su madre, con una olla de sancocho, ropa para los niños y regalos en Navidad. Lo dice con cierta modestia: «En cuanto a la filantropía, soy una mala réplica de mi madre y de mi abuela, dos de las mujeres más generosas que conozco». Su padre es el director de comunicación para el desarrollo en Unicef India y su hermana estudió derechos humanos.

Antes de trabajar en Santa Marta, en un pequeño caserío entre el Rodadero y la ciudad, donde los niños viven sin agua, luz y educación, Taliana tuvo la posibilidad de salir del país. Estudió Comunicación en Virginia (Estados Unidos) y luego participó en los dos certámenes que cambiaron su vida: el Concurso Nacional de Belleza, en Colombia, y Miss Universo. Gracias a ellos, su carrera despegó y todas las puertas se abrieron. Logró entrar al mundo de la actuación, que ama enormemente; siguió modelando y, con esfuerzo, logró crear la Fundación La Casa en el Árbol.

La actuación es para Taliana uno de los grandes placeres de la vida. «No hay nada más emocionante que meterte en la vida de otro, ser otro por un momento». Sus dotes de actuación se ven inmediatamente frente de la cámara, a la que le coquetea con una naturalidad extraordinaria. Ahí sabe exactamente lo que quiere ser y mostrar. Por eso su paso por novelas como Chepe Fortuna y Rafael Orozco fue supremamente exitoso. Con la primera, ganó un premio TVyNovelas. La actuación la cultivó desde antes de que su imagen irrumpiera en las pantallas. Cuando vivió en Estados Unidos hizo teatro y le gusta tanto que todos los fines de semana busca obras para ver.

En la sesión de fotos, Taliana se hace unos retoques frente al espejo. Llegó lista para salir en cámara. «Si me hubiera venido cómo salgo a hacer trabajo de campo, me vería como una gamina», dice riéndose. Siempre sonríe cuando habla. Su sonrisa, aunque coqueta y entrenada para cautivar, tiene algo de timidez que nunca se desdibuja. Esa timidez de la chica del lado, de la vecina, de la amiga que cualquiera puede tener. Esa sonrisa tímida es la que ha hecho feliz a los miles de niños que le salen al paso a saludarla. Son su mayor satisfacción, la razón de ser de su trabajo social.

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